viernes, 18 de septiembre de 2009

Clima londinense


El día de hoy amaneció londinense, como dice uno de mis compañeros de trabajo, uno que es muy elocuente. Cuando las nubes sombrean la ciudad, me entran unas ganas tremendas de escribir, y -al mismo tiempo- tomar un buen café capuchino moka. La tarde ha estado lenta, los clientes -en vez de frecuentar los comercios- probablemente prefieren ir por una amiga (o un amigo, ve tú a saber), o por una novia, o por su amante, quien resulta más antojable por considerarse prohibida en el caso de los casados, y suena más ardiente para los solteros, para después ir a darse un buen encerrón en uno de los mejores moteles de la región. Tengo que aceptar que esta idea es más tentadora que quedarse a escribir acompañado de un triste café capuchino moka, pero no todos tenemos la misma suerte para los encerrones.
Vuelvo la mirada hacia el cielo y notó que el algodón atmosférico amenaza con desperdigarse y permitir así el paso del sol; ojalá y no, porque con noches nubladas o, que mejor, lluviosas, se antoja leer algo de terror, algo de Poe, algo de King, algo de Borges, para conciliar el sueño mucho mejor, o tal vez para no poderlo conciliar.
Se acerca el frío, trayendo consigo los tamales, el champurrado, los buñuelos, el café con piquete (siempre me ha dado mucha curiosidad probarlo así, y ¿Creerán que aun no lo hago?), las cobijas calientes, mejores si se está acompañado, y muchas otras cosas más que disfrutamos sin importar lo entumidos que nos tenga el clima invernal. La convivencia con nuestros semejantes y seres queridos, al igual que su compañía, se acrecienta, renace un espíritu de hermandad, quizá con el fin de buscar algo de calor entre lo helado de los días y las noches. Con este tiempo despierta en nosotros una necesidad muy grande de entrarle con todo a los dulces de temporada, como el de camote, el de calabaza, las frutas secas y cristalizadas, los tamales de azúcar, el chocolate abuelita con leche, es más, hasta un atole marca Maizena; que le hace que subamos de peso, ya habrá tiempo de hacer ejercicio al inicio del año entrante, cuando sea insoportable el dormir más de la cuenta por las mañanas a causa del calor desértico que nos agobia la mayor parte del año.

2 comentarios:

  1. También me quedé gratamente sorprendida cuando de regreso a Torreón, una lluvia tenue empañaba el espejo. Me gustan los días así, recargar mi cabeza, descansar y ver resbalar por el vidrio las gotas de lluvia.

    ResponderEliminar
  2. Querida Teresa, al igual que a tí, me encantan los días con un clima así; despiertan mi inspiración como no te imaginas. No importa que mucha gente nos tilde de tétricos.
    Que bueno que estés nuevamente por acá.
    Un beso y un abrazo.

    ResponderEliminar