miércoles, 3 de marzo de 2010

El día de mi diablo


Hoy es día de mi diablo, como dice un compañero de trabajo en vez de decir que es día de su santo. No sé si en otras partes del mundo pase lo mismo que en México: confundimos el día de nuestro santo con el día que cumplimos años. La situación deriva de que, hasta muy avanzado el siglo pasado, los padres escogían el nombre para sus hijos de acuerdo al santoral, al nombre del santo del día en que nacía cada descendiente. Por eso hay personas que tienen los nombres más extraños que uno pueda escuchar, entre los que deambulan Herculano, Marciano, Pancracia, Hermelinda, Filomena, y otros que suenan más raros y hasta albureros.
Al decir que hoy es día de mi diablo lo hago para decir que hoy es día de mi cumpleaños. A partir de la media noche de hoy llegué a los 34 años, y si Dios lo permite, tengo la esperanza de llegar más, mucho más allá.
Agradezco a Dios, a la vida, al destino y a ese diosecillo caprichoso, como lo nombra Catón, llamado azar por haber llegado a esta edad con una cuenta de experiencias felices y gratas más grande que la cuenta de sucesos tristes y desafortunados. Aclaro que aun no me siento, y dudo que algún día lo haga, satisfecho con lo que he logrado y he hecho en la vida, y que todavía estoy en busca del camino hacia la felicidad, aunque suene cursi o ñoño. Me da gusto transitar este momento de la vida con activos que valoro mucho.
Más allá de la lana, las propiedades y el poder, mis mayores riquezas son: LA FAMILIA, bujía de mi motor (espero y se me perdone el lugarzote común que utilizo, pero no hay algo que defina mejor); LA SALUD que gozo, y que puedo presumir hasta ahorita; LOS AMIGOS, pocos pero sinceros; EL TRABAJO, fuente principal de mi ingreso y que, aunque no es perfecto (¿Qué trabajo lo es?), nos ayuda a sobrevivir a mi familia y a mí; LOS LIBROS, que tuve la suerte de encontrar en mi vida, aunque no tan temprano como yo hubiese querido, pero di con ellos y entonces entendí el refrán popular que reza “Más vale tarde que nunca”; LA LIBERTAD, tanto física como intelectual para leer, para pensar, para escribir, para observar, para decidir, para comprender, para meditar, para criticar, para agradecer, para esperar, para entender, para reir, para llorar, para abrazar, para amar, para besar, para caminar, para correr, para dormir, para trabajar, para cantar, para silbar, para descansar, para comer, para beber, y hasta para pistear.
No todos los días se cumplen 34 años, casi siete lustros, así que hoy espero poder practicar, acompañado de la familia y de los amigos, mis disciplinas olímpicas mexicanas preferidas: el levantamiento de tarro y el abultamiento de abdomen.

2 comentarios:

  1. Feliz Cumpleaños...

    Que el corazón no se pase de moda,
    que los otoños te doren la piel,
    Que las verdades no tengan complejos,
    que las mentiras parezcan mentira,
    que no te den la razón los espejos,
    que te aproveche mirar lo que miras.
    Que no se ocupe de tí el desamparo,
    que cada cena sea tu última cena,
    que ser valiente no salga tan caro,
    que ser cobarde no valga la pena...

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  2. Muchas gracias, Teresa; están muy padres las líneas de tu felicitación.
    Un beso y un abrazo.

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