sábado, 6 de febrero de 2010

Caudales de sangre en Torreón


Es imperdonable hasta donde ha caído la seguridad nacional y, como nuca se había visto, la regional. La violencia en las calles ha alcanzado cifras que eran inimaginables hace apenas ocho años. La Comarca Lagunera se distinguía por cualidades como la férrea lucha por vencer al desierto y por ser una de las partes donde más tranquilidad se respiraba en el país, sobre todo en los municipios Torreón y Lerdo, sin importar que el uno está en el Estado de Coahuila y el otro en el Estado de Durango. La noticia sobre un asesinato, y más si era violento y sanguinario, nos estremecía a todos; un secuestro nos tenía en vilo a los habitantes de las tres ciudades avecindadas, aquí contando también, por supuesto, a Gómez Palacio. Situaciones como estas se convertían en leyendas urbanas, más aun si los participantes en los hechos eran personas conocidas o reconocidas socialmente.
Como si se tratara de otro país, algo así como la Colombia de los años ochenta y noventa, nos llegaban noticias de Sonora, Sinaloa, Tijuana, Cd. Juárez, el D.F., Guadalajara, y una que otra frontera más que también ganaba a toda ley (que frontera de nuestro país no se lo gana) el calificativo de conflictiva; eran, y siguen siendo, noticias truculentas y de masacres parecidas a las filmadas por los hermanos Almada, pero que invadían la realidad de esos lugares.
El miércoles pasado, en el programa periodístico de opinión Tercer Grado, Joaquín López Dóriga comentó, al tratar el tema de la masacre en Ciudad Juárez (un hecho brutal y sanguinario contra jóvenes, hasta hoy inocentes, que celebraban una fiesta), que el teme por que la ingobernabilidad que se da a diario en esta frontera de México se extienda por todo el país, como ha ocurrido en otras partes del mundo. Creo que el temor de López Dóriga ya es una realidad nacional. Basta con analizar todo lo que hemos vivido, y seguimos viviendo, en La Laguna: Ejecuciones, levantamientos, apariciones de cuerpos por aquí y por allá, con signos de tortura; robo de autos a mano armada a cualquier hora del día y de la noche, irrupciones y disparos con armas de alto calibre por parte de comandos armados en domicilios particulares y en sitios públicos como en el bar El Ferri el pasado fin de semana; gente inocente, incluyendo mujeres y niños, caídos en el fuego cruzado; personas presas del terror, algunas con ataques de histeria y en estado de shock, corriendo y cubriéndose -ellas mismas y a sus hijos- de la amenaza mortal de las balas, aunque los proyectiles no hagan su letal aparición, como pasó en el interior de Galerías Laguna el lunes pasado.
Al leer estas noticias, y mientras escribo estas líneas, se me nublan los ojos y la garganta se me endurece como si tuviera atorada una piedra. ¿En que se ha convertido Torreón, y México entero, en los últimos años? ¿Dónde están las autoridades? ¿Dónde están los culpables, y donde su castigo? ¿Dónde quedó nuestro estado de derecho? ¿A dónde fue a parar el temor a la Justicia por parte de la delincuencia, y de todos? ¿Qué país estamos dejando a nuestros hijos? ¿Qué hijos estamos dejando a nuestro país?
El año antepasado, cuando comenzaron a recrudecerse la inseguridad y la violencia en La Laguna y en todo el país, renegué de ser mexicano. Solo el tiempo me ha curtido lo suficiente para no renegar más. Ahora, abrazo nuevamente mi nacionalidad con cariño, pero me entristece, me deprime como ninguna otra cosa, el terror y el desasosiego colectivos que vivimos los habitantes de este bello país que vive días de lo que parece un preludio apocalíptico.
Nota: La fotografía incluida en este post apareció el pasado 03 de febrero en la nota titulada Cuando el pánico se apoderó de un centro comercial en Torreón de la edición digital de El Siglo de Torreón (http://www.elsiglodetorreon.com.mx/). Recomiendo leer la nota completa.

2 comentarios:

  1. Lo habìa mencionado anteriormente, mucho de lo que está sucediendo en ciudades como Torreón es el reflejo de lo que hemos ignorado desde siempre, antes todos querían tener como amigo a un narco porque era bien espléndido, camarada y pagaba las chelas, ahora que vemos que sus broncas afectan a todos nos asombramos.

    Hay que acordarse de Carlos Herrera y familia, eran como la crema y nata de la sociedad lagunera y ahora están reducidos a vivir en el temor aun con todo el dinero que tengan.

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  2. Teresa, es muy cierto, y muy cierta la pronunciadísima frase de "De que le sirve al hombre ganar el mundo si se pierde a sí mismo"; desgraciadamente tarde lo estamos asimilando como sociedad, y hay personas que nunca llegan a entender el mensaje de estas profundas palabras; allá ellos.
    Un beso y un abrazo.

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