viernes, 22 de enero de 2010

Un merecido nombramiento


En México, y no dudo que en otras partes del mundo también ocurra, pasan las cosas más inverosímiles que uno pueda imaginarse, sucesos que desafían con éxito toda lógica y todo atisbo de buen razonamiento. Para muestra no uno ni varios, sino muchos botones, comenzando con la estatua que le erigió un escultor a Juanito, famoso por su polémica lucha por el poder que le otorgaron en las urnas los habitantes, al parecer más ignorantes que él, de Iztapalapa, y que prometió ceder a la mentada Clara Brugada. Una estatua en honor a que o porqué, si lo único que hizo Rafael Acosta (este es el verdadero nombre del tal Juanito) es prestar su titeresca humanidad para los juegos maquiavélicos de ese político y enfermo crónico debido a su obsesión por el poder que es Andrés Manuel López Obrador. Los medios de comunicación también son bastante culpables de las ínfulas de poder que tuvo, y que probablemente sigue teniendo, Juanito; gracias a la atención que se le dio, sobre todo en televisión, este güey de la banda en la cabeza ya se siente capaz de enfrentar un cargo de delegado, y de hablarse de tú por tú, con todo y empellones de por medio, con monstruos políticos, corruptos y que conocen todo el teje y maneje de los grandes huesos públicos que ofrece la cloaca burocrática del D.F. y Estados circunvecinos del centro del país, como son Marcelito Ebrad y el necio tabasqueño que lo puso en el poder, o séase AMLO. No conozco mucho la capirucha, por eso solo supongo que existe una estatua de Juan Rulfo en chilangolandía, repito: supongo que existe, pero no tiene ni la mitad de la fama de Juanito, la inmerecida fama de Juanito; es más, pregunten a cualquier mexicano quien es o que fue lo que hizo Juan Rulfo, y quien es o que estupideces se le acreditan a Juanito, y diez a uno que la mayoría responde algo más o menos coherente del derrocado delegado de Iztapalapa y no de nuestro queridísimo Juan Rulfo, queridísimo para todos los que nos jactamos de gustar de la buena literatura.
Un botón más: nuestros (dizque) servidores públicos de los más altos niveles burocráticos, en los que encaja perfectamente la ex titular de la SEP, Josefina Vázquez Mota. Y que tal nuestros diputados, ¿He?, donde algunos no conocen una universidad ni por error, ni siquiera por haberla confundido con un reclusorio. Y para terminar, un botonsote: Agustín Carstens, que cuando fue Secretario de Hacienda tuvo la gigantesca osadía e insuperable estupidez de declarar que la crisis financiera, y económica, de los gringos no nos causaría a los mexicanos más allá de un simple catarrito, y resulta que el catarrito terminó en una neumonía que le costó a México miles de empleos y el aumento de los jodidos que bordeamos el círculo de la pobreza extrema con la inmensa posibilidad de caer dentro.
Me cae que ni el Gabo imaginó que sus más locas fantasías literarias podrían ser parte de la realidad en México. Por eso, cuando me enteré de que nombraron a Saúl Rosales, el maestro Saúl Rosales, Director de bibliotecas públicas en Torreón, circuló por mi cochambroso cerebro la hipótesis de que estaba soñando, o de que ese día de la noticia yo había despertado en la dimensión desconocida. ¿Qué porque tuve esos pensamientos donde la fantasía bloqueaba a la realidad? Porque no hay nadie que merezca más ese nombramiento que el maestro Saúl Rosales, escritor como pocos (si no me creen, busquen y lean su novela Iniciación en el relámpago, o alguno de sus libros de cuentos, poemas y ensayos; es más, hasta una obra de teatro tiene entre sus haberes), miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, Director de la revista de literatura Estepa del nazas, coordinador del taller literario del Teatro Isauro Martínez, y principal promotor de la lectura en la región que el río nazas cruza de lado a lado. ¡En horabuena, Maestro Saúl!
Olmos nunca ha sido alguien que gane simpatías en mí, pero con la rápida atención que el nuevo Presidente Municipal hecho a andar apenas arrebató la estafeta de las manos de José Ángel Pérez, estoy empezando a creer que me equivoqué con él, que si puede ser alguien que en verdad vea y actúe a favor de la ciudad más mentada de la Comarca Lagunera (hago el comentario sin intención de agraviar a nadie); y más aun con el nombramiento del maestro Saúl Rosales. Pero bueno, es de sabios aceptar que nos equivocamos, nunca es tarde para rectificar. Bien por Olmos en el inicio de su administración; esperemos que conserve el mismo paso durante los tres años que tendrá las riendas de Torreón.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena para Saùl Rosales, espero que su nombramiento no sea una burla de la clase política que sabe que las bibliotecas públicas están en el borde del ocaso funcional, olvidadas por todos y rebasadas por la tecnología.

    Saludos desde la capirucha...Who's Juanito? Everybody is Juanito.

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  2. Tienes razón, Teresa; esperemos que apoyen a el maestro Saúl Rosales en su nombramiento para que realice los cambios que necesitan nuestras bibliotecas.
    Un beso y un abrazo.

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