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miércoles, 15 de febrero de 2012

Sin palabras


Cuando abrí este blog y comencé a subir mis primeros textos, no imaginé el alcance que llegaría a tener. No sabía si lograría atraer el interés de uno, varios o muchos lectores. Sin embargo, la incertidumbre de que alguien o nadie leyera lo que fraguaba a través del teclado de mi sufrida e incansable laptop no me impidió escribir. Para entonces ya contaba con varios relatos cortos, la mayoría terminados y uno que otro a medias, que escribía durante las pequeñas brechas de tiempo que de pronto aparecían en mi rutina diaria. Y como siempre he tenido a la desquiciada de la azotea -la imaginación- demasiado alebrestada, nunca me faltaban -y siguen sin faltarme- ideas para escribir un relato tras otro, y uno más, y otro, y de pronto, aun sin acabar el que me encontraba tecleando, me descubría divagando en uno nuevo. Llegué a un punto donde la paciencia de escribir sin publicar me dejó sólo y decidí probar suerte enviando una pequeña narración a Estepa del Nazas. A través de correo electrónico pedí al maestro Saúl Rosales que de favor me diera su opinión sobre un cuento al que titulé “El compadre”. También le comentaba que, si él lo consideraba publicable, ojalá pudiera tomarlo en cuenta como colaboración para Estepa. La respuesta tardó en llegar. No recuerdo cuantos fueron los días de espera. Cada que tecleaba la contraseña para revisar la bandeja de entrada de mi hotmail me envolvía un ataque de nervios. La respuesta no aparecía. Casi había perdido la esperanza de que el maestro Saúl me escribiera cuando por fin su nombre y dirección de correo electrónico arribaron a mi correspondencia.
La respuesta del director de Estepa del Nazas fue un duro mazazo que tardé en asimilar. El maestro Saúl me hizo ver algunos vicios que yo acogía al momento de escribir y de los cuales no era consciente. Sus observaciones me convirtieron en mi principal crítico. Volví a todo lo que había escrito y una consciencia de letras comenzó a despertar en mí y a envolverme conforme llevaba a cabo cada revisión. Mi prosa no alcanzaba a ser lo que yo esperaba, lo que yo quería que fuera. Era necesaria una práctica constante en un intento de mejorar la escritura. Así nació este blog.
Arranqué subiendo mi primer post en enero de 2009. Colgaba un texto cada semana. Si los vaivenes diarios se descuidaban, publicaba dos posts entre lunes y sábado. Escribía y subía, escribía y subía. La incertidumbre de contar o no con lectores se sentaba a un lado mío mientras tecleaba, mientras buscaba la imagen que acompañaría al texto en turno, mientras editaba una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces. Todas las que requiriera cada línea escrita. En ocasiones -incluso ahora- leía y releía lo publicado y daba una corrección más. Y así como de pronto sentimos que nos observan cuando caminamos por la calle o cuando nos encontrarnos en algún lugar, la sensación de que el blog era leído me anudaba las vísceras abdominales al publicar y al releer lo publicado. El día que una lectora escribió un comentario en un post que subí sobre la influenza y lo profético que yace en la obra de los escritores, además del estómago y los órganos que lo acompañan alrededor, también se me anudó el corazón. Teresa García, Tere, fue la primera en hacerme saber que leía lo que yo tecleaba. Después de ella, otros lectores, como César Ceniceros y Buns, también escribieron sus comentarios. Luego de un año, año y medio, más o menos a mediados de 2010, los seguidores, que comenzaron con César y Buns, aparecieron poco a poco. Entre ellos están Jaime Muñoz Vargas, Miguel Báez Durán, Edgar Lacolz, Laura Elizabeth, un lector con el seudónimo de 7 Mares y Alfredo, además de todos aquellos que, al igual que Tere, aun sin aparecer como seguidores, leen cuanto escribo, como el maestro Saúl Rosales, Silvia García, Mayra, Vicente Alfonso y Rocío Villarreal.
Durante los últimos días del mes de octubre del año pasado mi laptop comenzó con errores en el sistema operativo. Llegó a un punto en que fue imposible seguir trabajando en ella debido a la lentitud con que abría hasta el más ligero archivo de Word. No hubo alternativa: tuve que someterla a un reformateo que me dejó un fin de semana sin mi cómplice de trabajo, de lectura y escritura, de navegación en la web y de secretos personales. Cuando Karina, una muy buena amiga y experta en sistemas computacionales, terminó de sacudir el polvo y las telarañas de la máquina, de fumigar las plagas que la habían allanado y de instalar de cero el sistema y los programas en general, perdí la hebra de mis correos electrónicos y el que utilizó para el blog quedó arrumbado en la esquina más profunda de mi memoria.
A mediados de enero recordé que contaba con una cuenta de email que abrí para el blog. En ese momento la desesperación por enterarme si la cuenta seguía vigente o había sido cerrada me movió en automático a que intentara ingresar al buzón. La cuenta de correo seguía vigente. Comencé a revisar lo alojado sin leer. La publicidad y los arribos sospechosos ganaban en cantidad. Sofocado entre todos los volantes virtuales se encontraba el correo de una escritora de estás áridas tierras: Magdalena Madero, Magda. Me había escrito el dieciséis de noviembre pasado.
En su texto, Magda me decía que por casualidad había dado con mi blog. No sabía quien era yo, pero, debido a mi gusto por la literatura, deseaba regalarme sus libros. Magda consideraba muy buena la crítica literaria de mis reseñas. La vida es una suerte de situaciones paradójicas que en ocasiones nos suceden al mismo tiempo, algo que experimenté al descubrir y leer el correo de Magda: me dio un gusto tremendo el saberme leído por una escritora como ella a la vez que la pena de no haber visto su carta electrónica fue enorme. Contesté a Magda a vuela tecla, como dice Jaime Muñoz Vargas, con la esperanza de que no estuviera molesta por mi tardía respuesta.
Los días que siguieron al grato descubrimiento de la correspondencia por parte de la autora de Arno y los ojos de Rea, fueron bochornosos. La certeza de que Magda no contestaría mi correo rondó mi ánimo. Me enteré del correo de Magda un miércoles. El fin de semana mi bandeja de entrada seguía con el mismo contenido. El lunes revisé por enésima ocasión mi correo: el buzón virtual ya albergaba la contestación de la poeta y escritora, donde mencionaba que no me preocupara por la respuesta tardía y que con mucho gusto le indicara en donde podía visitarme para el obsequio de su obra literaria. A pesar de mencionarle a Magda que no era necesario que me visitara, yo podía pasar a recoger los libros de su autoría, ella me llamó y media hora después, tal vez menos, apareció en mi trabajo abrazando todas y cada una de sus obras.
Fue todo un gusto y un placer conocer en persona a Magda, una escritora que, aun con toda su larga y fecunda trayectoria en las letras, posee una sencillez admirable. Charlamos de letras, de su obra literaria, de escritores laguneros, de mi blog, de lo nada fácil que es la vida para aquellos que fuimos seducidos por los libros y la escritura, y de un puñado de cosas más. Siempre que tengo la oportunidad de platicar e intercambiar opiniones con algún escritor o alguna escritora, nunca deja de sorprenderme descubrir una y otra vez que las vicisitudes que hay que sortear al abrazar a las letras con una pasión desbordante son las mismas para todos en todos los aspectos de la vida literaria, vida que no sabemos si la escogimos o ella nos escogió a nosotros. Magda y yo nos despedimos, pero quedamos en vernos en la presentación de su libro de poemas Efémera, que se llevará a cabo el próximo diecisiete de febrero a las siete de la tarde en el edificio de La Alianza Francesa, aquí en Torreón.
El blog ha sido un inigualable medio electrónico para la publicación y difusión de mis textos. Cada vez que me entero de que cuento con un nuevo lector, me pierdo en un arrebato de alegría. El saberme leído por todos quienes siguen mi blog, con firma o sin ella, grupo que incluye a escritores que admiro mucho, simplemente me deja sin palabras.

lunes, 14 de febrero de 2011

Revistas literarias



Las revistas literarias son parte del oxigeno que necesita la vida creativa de una región inundada por el interés en las letras y las humanidades cómo lo es la Comarca Lagunera. Es muy intensa la frustración que se experimenta cuando uno lleva un buen tiempo escribiendo y las cuartillas pergeñadas no pasan de ser un archivo digital en la PC o en la Laptop dentro de la carpeta de “mis documentos”, o a lo más una impresión en hojas de máquina sin el logro de la publicación. Los blogs de cierta forma llegaron para que cualquier persona aficionada a escribir pueda subir los textos tecleados a su espacio personal de Internet dándolos a conocer de forma global. Pero el blog no apacigua, y mucho menos fulmina, el deseo de ver publicadas las cuartillas producidas en alguna revista, en algún libro. Es aquí donde las revistas literarias fungen de madera sobre las profundas e interminables aguas de la desesperanza que por lo común golpean a los noveles escritores.
Han sido varias las revistas literarias que han emergido en La Laguna, pero sólo dos subsisten hasta hoy: Estepa del Nazas y Acequias; la primera publicada por el patronato del Teatro Isauro Martínez, y la segunda por la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna. Desgraciadamente, tanto Estepa… cómo Acequias han padecido los jodazos de la endeble economía que no logra despuntar, que aun no se recupera de la caída libre hacia el abismo que sufrió en el 2009. Estepa… padeció un largo período de receso en cuanto a su publicación, donde el argumento fue la falta de presupuesto. Acequias, a pesar no de no sufrir un período de espera similar desde su nacimiento a la fecha, en su último número, el 54, dejó de publicarse en papel y sólo apareció en su versión virtual de Internet; supongo que el alegato fue el mismo: la falta de marmaja. La esperanza de que Acequias vuelva a su lujoso papel (ya con que vuelva al papel es ganancia, aunque no sea tan lujoso) recae en Julio César Félix, el timonel, que desde la presentación del último número en diciembre pasado, no ha dejado de chambear duro y tupido para que Acequias pueda de nueva cuenta hojearse y leerse en su formato habitual. Esperemos que Julio corra con suerte en su cruzada por que así sea.
Desde mis comienzos cómo escribidor mi imaginación vislumbró la posibilidad de que Estepa... o Acequias, incluso ambas, publicaran algo mío dado que las dos revistas acogían ensayos, poemas, cuentos, anticipos de novelas, artículos y reseñas de escritores regionales, tanto de aquellos que comenzaban cómo de los que ya habían logrado destacar. Entre ellos se encontraban, y de pronto aun se encuentran, Jaime Muñoz Vargas, Vicente Alfonso, el maestro Saúl Rosales, Carlos Velázquez, Julio César Félix, Daniel Herrera, Angélica López Gándara, Daniel Maldonado y muchos otros más. Así que me armé de valor y allá por mediados de 2008 comencé a probar suerte con mis escritos y envíe -vía correo electrónico- un cuento a Estepa…, y a principios de 2009 mandé lo que consideré un artículo a Acequias. Ninguno de los dos textos que empuje hacia la aventura fue publicado. Cómo es común con estas experiencias, me deprimí perdiendo un poco la moral, pero aun con todo no dejé de escribir. El año pasado fue bastante gratificante para mí, ya que Acequias, en su número 52, publicó mi reseña “La leyenda de Jaime Muñoz Vargas” que escribí sobre Leyenda Morgan, libro de relatos detectivescos del también autor de Parábola del moribundo. La misma Acequias, en su edición más reciente, publicó un artículo que escribí hace tiempo: “Nuestra aportación al caos”. Por parte de Estepa…, en su nueva edición, la que pronto saldrá de las prensas, aparecerá otra reseña de mi autoría que también escribí hace tiempo sobre Las manos del tahúr, otro libro de cuentos de Jaime, y que titulé “Jaime Muñoz Vargas, un tahúr profesional de las letras”. Además de esta reseña, Estepa… tiene en su cava, para un próximo número, mi ensayo “La monja atea”, que tecleé el año pasado sobre el tema de la esperanza contenido en el soneto “Verde embeleso”, de Sor Juana Inés de la Cruz. A excepción de “La leyenda de Jaime Muñoz Vargas”, reseña que subí cómo post al blog el año pasado, y “Nuestra aportación al caos”, artículo ya publicado por Acequias, el ensayo sobre los versos de “La décima musa” lo publicaré en el blog, si no es que desespero y lo hago antes, en cuanto salga al público la edición de Estepa… que lo abrazará entre sus páginas. Ojalá que las próximas dos Estepas no demoren en llegar a nosotros.
Acequias, en su edición 54, puede leerse a través de dos enlaces: http://sitio.lag.uia.mx/acequias/acequias54/Contenidorevistaacequias54.html y http://issuu.com/iberotorreon/docs/acequias54
Aquí, bajo este post, les dejo el artículo “Nuestra aportación al caos”.