lunes, 17 de mayo de 2010

Cautivo de actividades misceláneas


En los últimos quince días no he podido parar el movimiento que mantengo desde que despierto hasta que llega la hora de cerrar los ojos para intentar dormir. Además de acabar agotado -agotadísimo- al final del día, el colchón de mi cama acaricia mi espalda -o alguno de mis costados- entre doce y doce y media de la madrugada, y lo dejo a eso de las siete de la mañana para enfilarme en las agobiantes, estresantes y diversas labores del día.
Y es que, aunado al trabajo que llevo a cabo intentando ganarme la vida, intentando sobrevivir, he sumado a mi actividad diaria el cumplir con las tareas, lecturas e investigaciones del Diplomado en Letras que actualmente se está impartiendo en forma gratuita la Dirección Municipal de Cultura de Torreón y la UAL a veintisiete afortunados que quedamos seleccionados de entre un promedio de 70 aspirantes. Aclaro que no me quejo, el diplomado es una excelente oportunidad para afianzar la carrera en letras de cualquier escribidor aspirante a escritor.
Y por si todo lo que acabo de mencionar no fuese suficiente, me encuentro supervisando la remodelación de mi hogar. No soy Ingeniero Civil, mucho menos Arquitecto, pero siempre es necesario estar al pendiente del trabajo que te están haciendo y, si conoces a un buen profesional de la mezcla y los adobes como conozco yo, asesorarte para expresar más efectivamente alguna inconformidad que te surja en el avance de la obra.
Así que llego al trabajo, hago llamadas, termino pendientes, proyecto lo que me resta del día. A la hora de la comida busco los libros que nos pidieron que leyéramos, ya sea en el libro usado, en las librerías de volúmenes vírgenes, o en la inagotable red de Internet. Leo un poco, antes y después de comer. Antes de regresar al trabajo voy y echo un ojo al maestro albañil y sus subordinados para después volar de vuelta a la oficina. A eso de las siete del medio día (casi parece medio día a las siete de la tarde con este mendigo invento del horario de verano, invento de los gobiernos que quieren tener dormidos a sus gobernados), antes de irme a casa, leo otro tanto y, si alcanza el tiempo y no hay algún pendiente familiar, escribo algo, algo escribo. Al llegar a mi terruño no faltan las faenas familiares: ir al mandado, regar las columnas que hicieron durante el día los albañiles para que no se agrieten, sacar la basura y hacer algo, por lo menos algo, de la larga lista de cosas que siempre están en espera de atención en la casa.
Esta ajetreada agenda que sigo desde hace como tres semanas provoca que las seis o siete horas que duermo durante la noche me parezcan como tres o cuatro, nada más. Repito: no me quejo, la vida me sabe mejor, más sabrosa, y cuando caigo como piedra sobre la cama -un poco antes de perder la consciencia- siento que di un paso adelante, aunque sea pequeño, pero adelante.
Por estas razones últimamente he tenido un poco descuidado mi blog. Trataré, de aquí al fin de semana, de subir algunos textos, reseñas y opiniones que rondan socarronamente en mi azotea. Escribir en este espacio es algo que ya forma parte de mi costal de actividades diarias, actividades que, pase lo que pase, se deben cumplir; más aun si producen altas dosis de placer, como lo son leer y escribir.

4 comentarios:

  1. Así es la vida actual, el día sigue teniendo las mismas 24 horas y nos rinden menos. Ahora que vivo en una ciudad en donde mínimo ocupas 1 hora para recorrer unos 14 km, me hace añorar Torreón, y sin más aprovecho para pensar un poco durante el trayecto en metro.

    Saludos, abrazo y un beso!!

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  2. Que buena onda que lleves el diplomado, yo quiero ingresar a la escuela de escritores pero ahorita no hay money ;( jaja

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  3. Teresa, es muy cierto: aun con la correría que nos agobia en La Laguna, en nada se compara con lo que se vive en chilangolandia.
    Un beso y un abrazo.

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  4. Bun)s(, créeme que también la lana es lo que más me tortura en el diplomado, porque me gustaría comprar todos y cada uno de los libros que nos piden leer, pero a veces el dinero que tintinea en mis bolsillos no alcanza ni para hacerme de los volumenes en las librerías del usado y no me queda de otra que bajarlos de Internet.
    Ojalá y que pronto se te dé la oportunidad de estudiar letras.
    Muchas gracias por tus comentarios.
    Saludos.

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