miércoles, 17 de junio de 2009

¿Es posible lanzarse al ruedo en cualquier momento de nuestra vida?


Según los profesionales de la salud mental, llámense psicólogos o psiquiatras, todos los seres humanos llegamos a un punto de nuestra vida en donde tomamos plena consciencia de quienes somos, porque estamos aquí y, tal vez lo más importante, a donde vamos o a donde queremos llegar. Dependiendo de la conclusión que saquemos de este auto-psicoanálisis y dependiendo también del momento en que lo hagamos, tendremos oportunidad de sacarle hasta la última gota de provecho a nuestra vida.
Supongamos que llegamos a los 40 años; nos acompañan en el camino una esposa, tres hijos, nuestros padres, nuestra suegra (¿A poco creen que nos vamos a deshacer de ella tan fácil? Pues no, sigue y seguirá ahí) y hasta un perro (para muchas personas puede ser un gato, un conejillo de indias, un pez o todas estas mascotas al mismo tiempo) que nos pone su cara triste cuando sabe que la cajeteó.
A esa edad, piensas (irracionalmente) que ya tienes hecha tu vida, que ya conoces todo -o casi todo- y que vas por el mundo como pez en el agua. Y de pronto ¡¡¡GUAM!!! La misma vida, que esta acostumbrada -aunque nosotros tratemos de ignorarlo- a sacarse cartas de la manga (no recuerdo de quien es esta frase, pero es buenísima), nos pone frente a nuestros ojos, o frente a alguno de nuestros otros sentidos, un libro, una película, una situación familiar, una vivencia extrema a la que sobrevivimos, en fin, algo que nos hace replantearnos el porque estamos aquí, con un cuerpo que vive una existencia que quizás nos es lo que esperábamos. Es cuando recobramos del desván de los tiliches todo aquello con lo que nos emocionábamos de niños y de adolescentes, las cosas por las creíamos que valía la pena luchar -costara lo que costara- por transportarlas de nuestro paraíso onírico a la realidad.
En este punto, muchos seguirán siendo solo unos pobres soñadores y visitarán su polvoso desván cada vez que la nostalgia los acorrale contra la pared de la consciencia. Otros tantos, que son muy pocos y creo que se pueden contar con los dedos de las manos, se lanzarán al ruedo, arriesgando el todo por el todo.
Las preguntas son: ¿Vale la pena lanzarse al ruedo cuando ya no vas solo por la vida y otros caminan y corren a tu lado? ¿Vale la pena repartir el sacrificio a los tuyos por lograr tu sueño? Al final ¿Te arrepentirás o te alegrarás de haberlo hecho?
Pienso que tienen igual mérito los pobres soñadores que los temerarios que abordan el ruedo afrontando todos los riesgos. A los primeros, el sacrificio de su anhelo los acompañará toda la vida, pero serán héroes anónimos de los suyos; los segundos tal vez se cubran de gloria, tal vez no, pero corren el riesgo de que sus seres queridos los abandonen en el trayecto que escogieron seguir. Bienaventurados aquellos hombres y mujeres a los que su familia y amigos siguen incondicionalmente en sus locuras, locuras que, bien meditadas y bien encaminadas, llegarán a buen fin.Un hombre admirable, no menos que su familia (sobre todo su esposa Mercedes), que fue en pos de su verdadera vocación y triunfó, un buen día se sentó a escribir la novela que rondaba insistentemente en su cabeza, abandonando todo para dedicarse solamente a su afán. Este hombre, en 18 meses terminó de escribir Cien años de soledad, su novela más famosa y, para muchos, su obra cumbre; su nombre: Gabriel García Márquez, Premio Novel de Literatura, el adorado Gabo.

2 comentarios:

  1. Es posible lo que cambia es la probabilidad de que suceda, estamos formados para conseguir metas que no son precisamente surgidas del libre albedrío sino impuestas( tener coche, casa, teléfono, cables, hijos en colegio, etc) y como para el grueso de la población requiere un esfuerzo grande conseguirlas y mantenerlas existe el miedo de perder todo por lo que se ha luchado y quedar en nada...de nuevo. Tal vez uno como individuo se aviente el riesgo pero cuando alguien más depende de nuestras decisiones o las aplazamos indefinidamente o las olvidmos.


    ¿cómo lograr un avance personal que los demás no entienden o consideran válido?

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  2. Así es Teresa, es el clásico nado contra corriente.

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