martes, 13 de noviembre de 2012

La visita de las musas



Me he sentado a escribir frente a una laptop pequeñita. La empresa donde trabajo me la asignó casi desde que comencé a laborar en el negocio con el fin de que desarrolle con la mayor efectividad posible mis actividades diarias.  El teclado, al igual que el equipo al que pertenece, es pequeñito. Comparado con las teclas de mi vieja pero imbatible acer, cuando escribo en él es imposible no imaginar que tecleo esposado. Mis manos permanecen muy, muy cerca. Si embargo, tengo varios días con una idea en la cabeza que se rehúsa a desaparecer: escribir en la minúscula lenovo sobre algo que no tenga que ver con mi trabajo. Al menos no en demasía. Hoy fui seducido por la ligera computadora portátil y aquí  estoy, tecleando unas líneas que pretendo sean sólo personales. Aunque existe la posibilidad de que al final las suba al blog.
        El reloj de la lenovo acaba de marcar la una treinta y tres de la madrugada. Me descubro con sueño, pero bastante excitado como para escribir toda la noche. ¿Acaso serán las musas, camufladas a modo de minilaptop, que por fin me han visitado? El arte es caprichoso.
        Al lado izquierdo de la lenovo se encuentra La máquina de pensar y otros diálogos literarios, libro que debo entregar dentro de unas horas en la biblioteca Enriqueta Ochoa. No quisiera devolverlo. Leí todas sus páginas dos veces consecutivas y aun no me deshago de la impaciencia por leerlo otra vez. No tendré mas remedio que volver a pedirlo prestado por unos cuantos días más. Cuando lo devuelva definitivamente, echaré de menos a Alfonso Reyes y a Jorge Luis Borges, autores de los textos críticos que conforman el volumen.
        Un amigo doctor, cada que se presentaba la oportunidad, me decía: “La naturaleza es muy sabia”. El sueño acaba de caerme encima de nuevo, con más fuerza, cual vil agente de tránsito torreonense: sin avisar y con ventajosa alevosía. Me voy a dormir. La naturaleza es muy sabia y hay que hacerle caso. El reloj muestra la una cincuenta y ocho de la madrugada. Una musa de carne y hueso inquieta mis sentidos cada que la pienso y la veo desde hace varias semanas. Espero encontrarla en el onírico mundo al que estoy a punto de ingresar.

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