martes, 6 de julio de 2010

Ahora le tocó a Francisco Amparán


Hay una expresión de la cual ignoro su origen y que solo he escuchado en voz de algunos compañeros de la oficina representada en la frase “se lo cargó el payaso”, o séase “se murió”. En caso de que se trate de una mujer sería “se la cargó el payaso”. Cuando recién escuché estas palabras tan simples, tan chuscas y poco comunes (al menos para mí) para referirse al fallecimiento de alguien, primero, solté una carcajada dado que no se trataba de alguien conocido -ni querido- en esa ocasión inicial que oí mencionar la mentada frase; segundo, me puse a pensar en el posible origen de la expresión y a lo único que llegué fue a la novela It, de Stephen King, que, cómo la mayoría de sus producciones literarias, fue a parar a la pantalla grande. ¿Por qué It? Porqué en el pueblito lluvioso donde se desarrolla la trama de la película, un ente maligno con fisonomía de payaso muy a la Mc Donald´s anda mate y mate niños (algo le han de haber hecho los cabrones mocosos). De ahí en más no encuentro otra relación con “se lo cargó el payaso”; no al menos que me satisfaga.
Bueno, pues últimamente el payaso ha andado hiperactivo en México, patrocinado principalmente por el crimen organizado, y ni que decir de la plomeada Comarca Lagunera. Lleva tanto vuelo el payaso que, el fin de semana que no hay balaceras significativas en La Laguna, no se detiene a descansar y se carga a quien se le ponga enfrente, cómo hizo el domingo pasado con el escritor lagunero Francisco Amparán, mejor conocido en el periodismo, la literatura y el ámbito cultural en general cómo Paco Amparán, y cuyo nombre completo era Francisco José Amparán Hernández. La muerte de este tremendo periodista y escritor lagunero me ha impactado, y más a sabiendas de que era muy joven, al menos para morir; tenía 52 años. Hago el comentario de su fallecimiento con la susodicha frase del payaso porqué en las dos columnas que tenía Paco Amparán en El Siglo de Torreón escribía sobre los problemas del mundo, de nuestro país y de nuestra región, narrados siempre de una forma chusca y amena utilizando modismos del habla que todos hemos pronunciado alguna vez, o que por lo menos escuchamos o hemos escuchado.
Las dos columnas de Paco Amparán eran El comentario de hoy, que salía de lunes a viernes; y Los días, los hombres, las ideas, líneas domingueras que generalmente relacionaban el panorama actual del orbe con la historia y que trataban sobre temas interesantísimos; en esta columna de Amparán aprendí mucho más de historia que con los maestros de la SEP que me tocaron en primaria y en secundaria, a diferencia de cuando cursé el bachillerato, porqué déjenme decirles que la maestra de historia que asignaron a mi grupo de la prepa era toda una chucha cuerera (frases así escribía Amparán).
Don Paco, de más está decir que lo vamos a extrañar sobremanera, muchísimo; la Comarca ya no será la misma sin sus palabras en la radio y El Siglo de Torreón, periódico que sin usted padece un tremendo hueco difícil de llenar, cómo los baches sin fondo de Torres.
Que le vaya muy bien Don Paco, y no se deje del payaso; aunque no dudo que usted lo tenga bastante entretenido y a carcajadas.

2 comentarios:

  1. Descanse en paz, era como un souvenir lagunero.

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  2. Sí, Teresa, vamos a echar mucho, muchísimo de menos a Paco Amparán en esta polveada y plomeada región; y no dudo que también lo vayan a extrañar bastante en los lugares cercanos y remotos a donde llegaron sus letras.
    Un beso y un abrazo.

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