jueves, 15 de abril de 2010

Policías trabajando


Tal vez nunca dejarán de asombrarme las paradojas sociales que ejecutamos los mexicanos, los laguneros, y los torreonenses. Años atrás hubo varias movilizaciones sociales, con plantones y toda la cosa, en contra de Met-Mex Peñoles y la contaminación que sus chimeneas escupen hacia el cielo comarcano, envenenando -sobre todo- a los que habitamos la ciudad con el emblema de la torre. Y ni que decir de las colonias pegadas a la planta metalúrgica, que aspiraban, antes de que algunas fueran desalojadas, su vasta dosis de plomo, provocando envenenamiento y nacimientos de bebes sin la necesaria masa encefálica, según las noticias de entonces y las quejas ciudadanas. Las denuncias prosperaron y Peñoles hizo cambios para decrementar sus niveles de fumigación y plomo en el aire en contra de los humanos.
Aunque, según parece, el plomo no se ha resignado; no piensa abandonar Torreón, y tampoco al resto de la Comarca Lagunera. El plomo ha regresado, pero ahora más feroz y sanguinario que antes: en forma de balas. Con esta nueva invasión nadie ha hecho, o no ha podido hacer, nada. En los últimos 12 meses las balaceras, los ejecutados y los asaltos a mano armada han cubierto a La Laguna con la capa de la fama de una de las regiones más peligrosas de México. Incluso gringolandia ha advertido a sus ciudadanos para que, de ser posible, no vengan a Torreón; la advertencia también alcanza a Gómez Palacio y a Lerdo. Y es que los crímenes se han disparado y disparatado cómo si no existieran las autoridades necesarias para detener la bola de nieve, seguida de avalancha tras avalancha de plomo, formada por la violencia y la inseguridad.
Ayer por la mañana, unos fulanos trataron de robar una casa de empeño en el centro de Torreón. Los saqueadores y portadores de armas de fuego, amagaron al guardia de seguridad privada y a los empleados del establecimiento. Uno de los trabajadores activó una alarma silenciosa que dio aviso a la policía que, al encontrase cerca dando el rondín de rutina, llegó de inmediato. Los asaltantes comenzaron a disparar desde el interior del local cuando se vieron copados, y estalló la balacera. El saldo fueron dos ratas detenidas, una más herida y dos muertos, uno de ellos una mujer policía, y el otro una de las enfuscadas y frustradas alimañas. Estos hijos de la guayaba que pretendían solucionar sus problemas económicos a punta de pistola y rociando balas por todas partes, no lograron llevarse el botín, el dinero y las joyas quedaron dentro del local agiotista.
Lo más lamentable es la muerte, en el cumplimiento de su deber, de la mujer policía, Patricia Ruelas, quien además era la segunda comandante de la Policía Municipal. La oficial Ruelas tenía 35 años de edad y deja a su suerte en este miserable mundo a cuatro hijos.
Un pequeño y humilde homenaje ciudadano para la segunda comandante, Patricia Ruelas, desde este espacio. Sí la mayor parte de los elementos que integran los cuerpos policíacos de nuestro país, fueran como ella, nuestra ciudad sería otra. Que digo nuestra ciudad, México entero gozaría de la tranquilidad que todos soñamos.
Nota: Aquí les dejo el enlace donde se puede leer la noticia completa que apareció el día de hoy en El Siglo de Torreón: http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/516188.acaba-asalto-en-balacera.html

4 comentarios:

  1. Lo de la analogía de Peñoles con la inseguridad, se llevo las palmas.

    Lo único que no me cuadro del post, es que -y cosa no haces solo tú- es la facilidad con la que damos el estandarte de héroe, con tan pocas bases y sin el pleno conocimiento de la historia del héroe en cuestión ni de los acontecimientos que le dieron dicho epíteto.

    En realidad nadie sabe si esta señora era en verdad buena e incorruptible policía, no blasfemo a la mujer (Q.E.P.D) pero también tenemos que quitarnos ese estigma de abaratar cualidades, si no, en un futuro tendremos Juanes Escutia por montones.

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  2. Muchas gracias por tus comentarios, Arturo.
    Tienes razón en cuanto a que muchas veces creamos héroes sin conocer a fondo las circunstancias reales en que pasaron a formar parte de la historia. A la Segunda Comandante, Patrica Ruelas, quise darle el beneficio de la duda porqué murió en pleno ejercicio de su deber y, según la cronología publicada en los diarios, comenzó desde el rango más subalterno de la policía municipal hasta llegar al puesto que desempeñaba antes de su trágica muerte.
    Saludos.

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  3. Si la mayor parte de la población reconociera a los policías que han muerto en cumplimiento de su deber también las cosas cambiarían (puesto que no todos son iguales).

    Pero estamos tan lejos de cambiar.


    Saludos!!!!

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  4. Tienes razón, Teresa. No sé de donde nos viene a los mexicanos eso de menospreciar a los demás cuando destacan, o el porqué demeritamos el valor de sus actos, cómo en el caso de los buenos policías.
    Definitivamente debemos de cambiar, todos.
    Un beso y un abrazo.

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