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viernes, 15 de enero de 2010

leer o releer


No soy muy aficionado a la poesía; más bien no soy aficionado a la poesía. Es muy raro descubrirme a mí mismo leyendo un libro de algún poeta o alguna poetisa. No sé a ciencia cierta el origen de mi ligera aversión a este género literario, considerado -por los conocedores- el que más belleza contiene entre sus líneas. Tal vez se deba a que no he leído, aun, a los poetas que en verdad valen la pena. Por recomendación compré un libro con la mayor parte de la obra de Jaime Sabines; su poesía y su prosa me fascinaron. He degustado algunos poemas completos y algunos fragmentos de Octavio Paz; también me han gustado. Por otro lado, en mis andadas de bibliófilo, me he topado con poetas, o más bien aficionados, escribidores (sí, “escribidores”, no hay error en la palabra) de una poesía que poco o nada tiene que ver con la verdadera poesía y los versos llegadores, ya sea que estén delineados bajo cierta métrica o carezcan de ella, como los versos libres. Y lo peor de todo, estos poetas ocurrentes (escriben cualquier tontería que se les ocurre) hacen hasta lo imposible por que sus líneas resulten incomprensibles a la mayoría de los mortales; es más, juraría que ni ellos saben que demonios escribieron o que fue lo que quisieron decir con sus dizque poemas.
Antier por la noche, revisando mi desordenado librero, encontré, en uno de los estantes más altos, una pequeña colección de libros de bolsillo publicados por La Fragua, firma editorial del Gobierno del Estado de Coahuila. El conjunto de libros llegó a mis manos hace algunos años como regalo de un amigo escritor que por entonces era el titular del área literaria del Icocult Laguna. Los volúmenes son autoría de escritores coahuilenses, tanto forasteros radicados en alguno de los tres ranchotes que conforman La Laguna como nacidos dentro del Estado comandado por el Profe Moreira. Recién recibí la colección, me chuté tres títulos completos, entre ellos Desierto blues, un poemario de Julio César Félix. Hasta ese momento tenía recorridas algunas páginas, no más de diez, de poemas, así que Desierto blues me pasó de noche, pero reconozco que si entendí los versos y la temática manejada por Julio César en su libro.
Como comento, antier di con el regalo literario de La Fragua y me volví a encontrar con Desierto blues, al que releí en una hora, a diferencia de la primera vez que acaricié sus páginas y que me llevó tres días recorrerlo de pe a pa. Mientras releía (¿o leía?) los poemas, me invadió una sensación que ya me había envuelto en la segunda lectura de otros libros: creí encontrarme con un libro de contenido diferente, aunque era la misma obra, tanto en edición como en físico. Los poemas de Julio César me gustaron, incluso me hicieron sentir ciertas emociones, como cuando, en unas líneas, el poeta sinaloense manifiesta la forma en que experimenta el desvelo regalado por el insomnio que padece en las madrugadas, algo muy común en poetas y prosistas, pero, reitero, Julio hace que uno lo vuelva a experimentar, aunque sea una hora del medio día el momento en que se están leyendo sus poemas. No voy a profundizar en este post sobre Desierto blues; prometo subir, lo más pronto que pueda, la reseña completa.
Ocurre que, en mis inicios como devorador de libros, leí obras muy buenas, pero con escasa experiencia ante textos de monstruos literarios como Rulfo, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Kafka, Cervantes, El Gabo, por nombrar solo algunos, y cuando saboreé nuevamente sus intensas páginas, descubrí cosas nuevas y otros enfoques. Tal vez en parte se deba a que a la mayoría de los grandes escritores me los presentaron de forma obligada en la preparatoria; la imposición, mi corta edad y la nula experiencia con la literatura me jugaron la trastada necesaria para que novelas como Pedro Páramo, Cien años de soledad y El Quijote pasaran sin pena ni gloria frente a mí. Ahora que las he releído, o más bien leído, los mundos que contienen entre sus páginas me han embelesado y atrapado para siempre. En ocasiones es inevitable que cuando mis ojos dan con el Pedro Páramo que tengo en mi librero, lo tome y lea capítulo tras capítulo con una euforia infantil, aquella que no conoce el cansancio ni el aburrimiento.
Así que, cuando, después de un buen tiempo, tomamos nuevamente entre nuestras manos las fascinantes obras de los escritores clásicos y clásicos contemporáneos, ¿Se pude hablar de releer, o en realidad leemos, realmente leemos?
Cualquier excelente libro que retomemos siempre nos tendrá en una lectura permanente debido a su rico contenido, leeremos cosas nuevas cada que visitemos sus páginas, sus mágicas páginas, como El libro de arena de Borges.

miércoles, 14 de enero de 2009

Jorge Luís Borges, creador de mundos entramados y difíciles de entender

He intentado, no sé con qué fortuna, la reducción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay en la tierra una sola página, una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad.
Jorge Luís Borges
Desde hace varios años tengo el hábito de leer a diario las noticias que publica El Siglo de Torreón en su pagina web. El 19 de Junio de 2006 salió de la imprenta virtual, en la sección de cultura, el encabezado Todavía vende, pero pocos lo comprenden. Este titulo llamó mi atención, así que ingresé al artículo y lo leí. La columna trataba sobre el recuerdo, que aun perdura, de la muerte de Jorge Luís Borges, el gran escritor argentino, quien dejo de existir en Ginebra, Suiza un 14 de junio de 1986. En un párrafo, el artículo menciona lo siguiente:
En Argentina, a Borges se le sigue amando u odiando en proporciones similares, pero sigue siendo no tan leído como la cantidad de ejemplares vendidos, y mucho menos entendido.
Antes de leer esta nota, ya había escuchado mucho sobre Borges, pero hasta entonces no había leído nada de él. Es lo malo de los talleres literarios, que si el instructor no sabe orientarte en forma correcta acerca de como se debe de leer a un autor de la envergadura de Borges, te pierdes de mucho. Eso me ocurrió a mi. Quien impartía el taller al que yo asistía (la misma persona que menciono en mi post anterior) dio a entender que para poder leer y entender a Borges, tenias que convertirte en un intelectual, porque si no lo hacías, su obra te iba a resultar aburrida y no ibas a comprender en absoluto. Nada mas fuera de la verdad. Así que, al leer este articulo sobre Borges con motivo del recuerdo de su muerte, me armé de valor y conseguí su libro de cuentos titulado Ficciones.
Tal vez cuando el libro vio la luz por primera vez en 1944, el instructor del taller literario no hubiese estado tan fuera de la realidad con su comentario. Pero en los tiempos actuales es mas sencillo tratar de entender la obra del autor argentino. Además de valor, al leer a Borges, siempre tuve conmigo mi Laptop con conexión a Internet, en donde abrí la pagina del buscador mas famoso de la red, que es Google y el sitio web del Diccionario de la Lengua Española emitido por la Real Academia Española.
Al comenzar con los relatos del controvertido escritor argentino, quede en estado de Shock. Pensé en que ¿Como era posible que hubiera pasado tanto tiempo dentro de la lectura sin conocer los escritos de Borges? Un mundo, extremadamente excitante y sin limites, se abrió ante mí. Desde entonces, no he dejado de frecuentar su obra.
Los enredos en que te puedes atorar en la literatura borgiana consisten en que Borges mezcla como nadie la ficción con la realidad. Por ejemplo, si no conoces de historia o no has leído lo suficiente, puedes quedarte con la duda punzante de si el personaje que menciona en alguno de sus relatos es creado por él o en verdad existió. Algo similar ocurre con los objetos y cosas que describe Borges. Pero todo esto en nada demerita su magistral forma de narrar y su tremenda erudición.
Otra cosa que me parece bastante fuera de lo común, tomando en cuenta a la gran mayoría de los escritores, es que Borges de pronto aparece como personaje que narra dentro de sus relatos escritos en primera persona. Verbigracia: El cuento titulado El libro de Arena.
Tal vez el libro mas conocido de este argentino sea El Aleph (1949), pero en realidad todos son grandiosos y fuera de serie, algunos de ellos son: Ficciones (1944), La muerte y la brújula (1951), El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975), entre otros. Esto sin contar sus ensayos y su poesía, de los cuales tratare en otro post. Casi puedo atreverme a afirmar que no hay hasta ahora, ni ha habido, un escritor argentino como Jorge Luís Borges.
Bueno, no esperes mas y conoce a fondo el mundo borgiano (por cierto, este termino de "borgiano" es de los pocos registrados en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, al igual que "kafkiano", que hace referencia a la obra de Kafka); y no te preocupes, tampoco te asustes. Lo único que necesitas es una computadora (aunque no sea tuya) con conexión a Internet para consultar todo lo que te parezca extraño o desconocido. Te garantizo que, además de asombrarte y divertirte, vas a descubrir y aprender mucho con Borges.